Superar la segunda semana de tratamiento fue más pesado de lo que esperaba. Náuseas todos los días, mareos, cansancio acumulado. La segunda ronda de quimioterapia inyectada fue bastante más agresiva que la primera; “otros 90 minutos” dijo el doctor el segundo lunes.
Las radioterapias y la quimioterapia tomada siguen siendo diario entre semana. Esta semana, hasta en sábado para reponer la sesión de un lunes que el equipo de radiación no funcionaba.
La intensidad de las reacciones era de esperarse, me lo anticiparon los doctores. Los malestares, consecuencia natural de los químicos con los que nos inyectan durante las quimioterapias. La frustración, malestar, molestia y coraje por sentirme mal diario, probablemente normal, pero no deja de ser intolerable por momentos.
Mucha gente me ha dicho: “has reaccionado muy bien”, “no has vomitado, eso ya es ganancia”, “vas muy bien”. No siempre se siente así. No siempre es fácil mantener la frente en alto y sonreír, contestar que todo está bien y que estamos resistiendo como los grandes.
En esos momentos de tristeza, frustración, vencimiento… me doy cuenta de algo muy importante: mi mente, mi cuerpo, mis defensas; son mucho más fuertes de lo que yo pensaba. Mi cuerpo sigue luchando, sigue aguantando, resiste mucho más de lo que a veces queremos o nos permitimos reconocer.
Me aferro al ejercicio, a mi trabajo, sigo la vida como si lo que estoy viviendo es solo un proceso más; una gripa más de la que me tengo que recuperar. Fijo mi mente en brincar de la cama tan pronto suena el despertador a las 6:30 de la mañana, me visto para el ejercicio, tomo mi maleta y me subo al coche para manejar los 8 minutos al gimnasio. Hago mi sesión de ejercicio: 50 minutos de intensidad a tope, mi corazón alcanza las 160 pulsaciones por minuto, mi nivel de energía ronda el 95%. Terminado el ejercicio me baño, me arreglo para la oficina. 8:30 estoy en el coche. Paso por la esquina de mi casa donde mi esposa me espera con el licuado de frutos rojos (actualmente es lo único que tolero como desayuno). Solo entonces recuerdo, tengo cáncer, tal vez no debería estar haciendo el ejercicio tan intenso que hago, tal vez debería permitirme dormir más cada mañana.
Immunocal
“Immunocal es un suplemento patentado muy similar a la leche materna. Contiene más de 90 % de proteína pura y cuenta con un valor biológico más alto que cualquier otro suplemento proteínico o alimento disponible en el mercado. El término “valor biológico” (VB) es una escala de importantes proteínas comestibles contenidas en su cuerpo. El consumo diario de Immunocal le ayudará a aumentar el nivel de concentración de glutatión (abreviado como GSH), una molécula a la que se hace referencia como El protector más importante de su cuerpo.”[1]. La gran mayoría de las personas con las que he platicado sobre el tema no tienen idea sobre que es el Immunocal, ni siquiera que existía, y hasta hace unas semanas yo era una de esas personas. Tan pronto tuve el diagnóstico, mi mamá me “informó” que empezaría tomar dos sobres por la mañana, pregunté por qué y para qué, su respuesta fue simple, “la quimioterapia va a acabar con tus defensas, tus glóbulos blancos se irán al piso y necesitas tenerlos activos para resistir mejor el tratamiento”. No sé si efectivamente funciona, no estoy seguro si hace una diferencia ni si me ayuda, pero seguramente no me va a dañar. Es en circunstancias como ésta cuando estamos dispuestos a tomar y probar todo lo que hay a nuestro alcance si puede siquiera ayudarnos a salir adelante. No puedo sugerirles que lo tomen, pero por mi experiencia, si en algo puede ayudar háganlo, inténtelo, no perdemos nada.
B – 63
El programa B- 63® es un ejercicio integral de alta intensidad. Se basa en un sistema de sesiones diarias de lunes a viernes con un duración de 50 a 55 minutos en donde tu cuerpo alcanza sus límites máximos con la finalidad de lograr resultados de forma más rápida y de mejor manera. Si han escuchado de Crossfit o 54-D, es algo parecido. Para mi es una gran motivación, y ha sido un refugio en el que puedo trabajar mi mente y mi cuerpo con el fin de alcanzar límites que no creí posibles. En general el ejercicio siempre ha estado en mi vida, pero no de una forma constante ni con la pasión que le veo a otras personas. Cuando descubrí B-63, simplemente no pude parar. El compromiso es conmigo mismo. “Nunca volverás a ser el mismo” es el lema del programa; no podría ser más cierto.

Supongo que lo que quiero decir es que encuentren esa pasión, ese ejercicio, ese camino, ese alberca, ese “algo” que los motive a mantenerse activos y que les permita desconectarse un poco de lo que estamos viviendo. La mente es el miembro del equipo más importante y valioso en nuestra batalla. Son nuestros pensamientos, los retos que la mente nos pone, los que nos permiten seguir moviéndonos y caminando hacia nuestra meta.
En general los días se tornan más pesados, difíciles y desgastantes, pero mi cuerpo resiste los tratamientos, mi mente se mantiene fuerte, el amor de mi esposa y mi familia sigue firme, las muestras de cariño siempre presentes. La batalla es individual, – nosotros tenemos que superarla – pero la guerra es compartida con los que caminan junto a nosotros día a día, paso a paso. Un día a la vez, una batalla diaria, un reto superado que suma hacía esa meta que tanto anhelamos: curarnos. Vamos a llegar, solo hay que tener paciencia, fuerza, fe y esperanza.
Todo esto me lleva a concluir que tal vez aun con cáncer podemos pelear, podemos dar la cara, y lo más importante, podemos GANAR. En una competencia que tuve durante el sábado pasado, di mi máximo, me superé a mí mismo, luché contra el cansancio que las quimioterapias y las radioterapias me han generado – y gané el segundo lugar en la categoría intermedia de entre 25 competidores en mi rama. ¡SÍ SE PUEDE! Ese eterno lema que coreamos cada vez que la selección mexicana juega un partido de futbol, es realmente un lema de vida del ser humano, donde podemos superar las barreras y los límites que llegamos a creer insuperables.

Después de dos semanas y 4 kilos menos, la meta sigue siendo la misma, y cada día estamos más cerca de alcanzarla. No importa que tan cansado te sientas. Si el agotamiento es tal que no quieres salir de tu cama, si la tristeza te vence, recuerda la rutina de los 30 minutos. Después sigue avanzando porque la vida no se detiene y tenemos que seguir viviéndola.
Porque sí, aun con cáncer puedes competir y ganar, puedes disfrutar de una rica cena con tu pareja, puedes conquistar metas y fijar nuevos objetivos. Porque ¡SÍ SE PUEDE!
Llora, grita, pero también sonríe. Estamos vivos y queremos seguir estándolo. La risa es la mejor medicina.
Mario
Febrero 13, 2017
