El último round / Round 12 – K.O.

Sonó el despertador a las 7:15 de la mañana del lunes 16 de octubre de 2017. Vi mi teléfono, pensé en no salir de la cama. Después de un par de minutos me logré convencer a mi mismo que era tiempo; sabía que ese día llegaría y que incluso debería estar contento, feliz, orgulloso.

Entré a la regadera, me bañé y me preparé para el día, proceso que tomó más tiempo de lo que normalmente invierto. Después me puse mi traje, besé a mi esposa de despedida y fui a la cocina a prepararme el desayuno (cereal, nada más elaborado que eso). Comí con cierta extrañeza y con mi mente muy lejos de la mesa del comedor. Besé a mi mamá de salida de la casa y tomé el taxi para la oficina.

Ese 16 de octubre era el día de la última sesión de quimioterapia inyectada. Había logrado llegar al round 12 de esta batalla que parecía no terminar. Ese día marcaría el resto de mi vida, como lo hizo el 4 de enero cuando el doctor me dio el diagnóstico; el día en que el cáncer etapa 3 y yo nos veríamos en el ring para definir quién saldría triunfador, si el knock out se lo llevaría Él o yo.

Cuando el reloj marcó las 2:30 de la tarde, salí de mi oficina. Durante el camino pensé, en más de una ocasión, en dar la vuelta y retirarme; en tirar la toalla y dejar que todo se fuera a la mierda. Me abrumó el coraje, el dolor y la impotencia. Todos los que me quieren y han seguido, o tal vez debería decir sufrido, este largo proceso conmigo tenían palabras de apoyo, de ánimo, de orgullo. Sus muestras de cariño durante este día no pararon. Me querían demostrar que lo había logrado, que por fin estaba dejando esta terrible etapa atrás. En mi mente era diferente; la batalla seguía tan constante y tan dura como cada día anterior a ese 16 de octubre.

No podía ni quería aceptar que debía estar contento, orgulloso y hasta feliz por haber llegado al último round, a la última batalla entre el maldito tratamiento y yo (recuerden que maldigo el tratamiento por el dolor y el daño que nos causa, no por el tratamiento en sí mismo, cuya única finalidad es tratar de salvar la vida). En la radio escucho un anuncio sobre el aumento en México (y en el mundo) de los casos de cáncer y la tasa de mortalidad. Me doy cuenta que soy parte de esa estadística, y que lo seré por el resto de mi vida. El enojo, la frustración, la desesperación y la flaqueza me vuelven a invadir. Vuelvo a pensar en dar marcha atrás y dejar que TODO se vaya a la mierda.

Mi esposa me manda mensajes; me avisa que ya va en camino, que pronto la veré para comer algo antes de entrar al ring para esta última batalla. Sabe lo que pienso y lo que siento. Pudo ver en mis ojos desde esa mañana mi miedo, mi tristeza, depresión, mis ganas de renunciar, y mientras comemos hace todo lo posible por alejar esos pensamientos de mi mente.

Llegamos al hospital, hacemos los trámites de mi ingreso para prepararme y después estoy listo para la pelea. Las enfermeras, el doctor, el personal del hospital, todos me reciben con una sonrisa, me dan ánimos, “es la última, lo lograste”. Mi mente sigue a mil pies de altura pensando, tratando de entender, discutiendo conmigo mismo, ¿cómo llegué aquí?, ¿por qué me pasó esto?, ¿ de verdad soy tan mal ser humano que merecí pasar por esto y estar al borde de la muerte?. Regreso a la sensación de injusticia y coraje.

Mi esposa y mi mamá me acompañan. Están ahí cada minuto y cada segundo pendientes de cómo estoy. Hablan con el doctor, preguntan sobre mi estado de salud, y lo más importante: lo que viene después de esto. Tratan de pensar positivo, de creer y tener fe en que es la última vez que sabremos de esto y que pasaremos por esta desgastante experiencia.

Al ver cómo se aferran a este pensamiento, a esa fe y a la esperanza de que el cáncer nunca más vuelva, recuerdo: estoy en la batalla; soy YO el que está peleando; solo YO puedo salvarme; solo YO puedo llegar a esa última campanada del último round y salir victorioso. Retomo las fuerzas, me doy cuenta que esta batalla, así como el desgaste que trae el cáncer consigo, no es solo mía; que yo peleo por mi esposa, por mi mamá, por mi familia, por mis amigos y por toda la gente que me quiere. Pero también peleo por todos y cada uno de los que padecemos el cáncer, porque cada pelea ganada por uno de nosotros es una esperanza para los que siguen en la batalla. Porque cada caso de éxito de los enfermos de cáncer es un estudio más que permite a los doctores tener tratamientos más eficientes. Porque cada paciente de cáncer está ahí conmigo en ese ring, en ese último round, tal y como estoy con ellos cuando están recibiendo sus tratamientos y peleando por resistir y sobrevivir.

Porque sí, somos una estadística, pero también somos personas que por azares del destino ahora formamos parte de una comunidad a la que nadie quisiera pertenecer, ni siquiera nosotros. Y eso nos une; nos crea un vínculo, un sentimiento en común, una meta y un objetivo final que todos compartimos: SOBREVIVIR y vencer al cáncer. En ese momento me doy cuenta que yo peleo por todos ellos, y todos ellos pelean por mí, que la batalla contra el cáncer no es de uno sino de todos, y que unidos somos más fuertes y podemos lograr ese fin común.

Campanada final, se terminó el round, YO salí vencedor. Aquí sigo y mi vida seguirá, porque nunca antes fue tan cierto que mi historia apenas comienza!

No importa cuántas veces nos caigamos. No importa cuántas veces rompí mi regla de los 30 minutos; no importa cuántas veces grite y lloré; cuántas veces me caí y quise renunciar, simplemente dejar de luchar y que todo se fuera a la MIERDA. Al final, siempre estuvo presente la filosofía de mi esposa: no importa cómo llegues, lo importante es llegar. Solo hay un camino y ese es a través de las pruebas que la vida nos pone. Sufrí, lloré, me deprimí, grité, odié, me caí, casi me rendí, pero al final puedo decir que el objetivo se logró, no importa cómo ni qué tengamos que pasar en el proceso, el punto era llegar a la meta y ese objetivo se logró.

Ahora, mientras estoy en mis últimas dos semanas de tratamiento (tomando las malditas pastillas de quimioterapia para completar el ciclo), pasando malos ratos, sintiéndome mal, queriendo vomitar, resistiendo, por fin ha llegado a mí esa tranquilidad de haber superado esta batalla y poder decir que YO gané.

Solo me queda esperar; aferrarme a la idea que todo este largo y doloroso proceso fue un éxito y que los siguientes 5 años de seguimiento constante y observación, culminarán con una cura total; que al terminar los 5 años siguientes el doctor por fin me dirá “lo lograste”. Cuando ya fuiste tocado por el cáncer, las posibilidades de que regrese a tu vida son mucho más altas que para todos aquellos que tienen el privilegio de no vivirlo, pero aun con esa estadística me aferraré a que la batalla terminó y yo gané, que el cáncer no regresará a volver a poner en pausa mi vida y a pasar cada día con la esperanza de poder llegar al siguiente.

Nuevamente gracias por permitirme compartir mi historia. Gracias por leerme y seguirme en este proceso. Gracias por ser un apoyo adicional a la distancia que me permitió desahogarme, platicar y sobre todo compartir. La batalla contra el cáncer no es solo de los que estamos enfermos, entonces hagámosla juntos y sobrevivamos juntos. Gracias especiales a mi esposa y a mi mamá por aguantar cada día junto a mí, por ser mi fuente de inspiración y de fuerza para seguir luchando. Gracias por soportar mis cambios de humor, mis momentos de debilidad, mis momentos de coraje, pero sobre todo gracias siempre por AMARME todos los días por sobre todas las cosas. Esta victoria es tanto mía como de ustedes. Gracias por mantenerme vivo.

 

Mario

Octubre 2017